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La Coctelera

El Descuartizado (fragmentos)

Un hombre que desahace por sus propios miedos y prejuicios en una paranoica ciudad ubicada en el medio del desierto de Atacama.

7 Abril 2007

Contra Escribá

Redacción de “El Expreso”. Que tipos más reprimidos parecen tus vecinos. Responden con un sí rotundo a todos los mandados, a veces ridículos del director. Les pide revivir al maléfico chupacabras. Ganan bien para ser periodistas. Lucen opacos, casposos y hablan poco. Entre ellos son competitivos y celosos. Quizás fingen infelicidad. Quizás faltó tiempo para conocerlos. Siempre falta tiempo para conocer a la gente. Qué feo resulta aquello de estigmatizar a las personas, te comentó Celeste. Creíste, inclusive, que te habías mimetizado con ellos. Cualquiera te pudo confundir, aunque en el fondo tú hacías literatura.

En ese auspicioso universo había dos tipos que te complicaban la existencia. Uno era el director: el mismo mecenas de la orquesta. En el poco tiempo que los conociste te desconcertaban sus juicios absolutos de viejo y repugnante macho dominante, también su extraño comportamiento después de defecar en un estrecho baño incubado en su oficina. Todos los días a las 15 horas tapaba con su estiércol el WC. No cerraba la puerta del baño ni la de su oficina. La oleada putrefacta se metía en las narices de sus empleados. Algunos escapaban, otros encendían un cigarro y otros recitaban chuchadas en voz baja. Después salía muy campante a repartir sonrisas. Nadie entendía el acto. Nunca nadie le dijo: ¡asqueroso de mierda!

Te molestaba también que el tipo no diera cabida a tus iniciativas. Sólo por molestarlo le propusiste varios temas fuera de la línea editorial. Simple: el director quería tetas y tú, el bueno, el cultural, darle más cabida a un grupo de artistas marginales, la prole que sólo vivía de migajas. Los pobres artistas era fomes y simplemente no vendían, según el director, según el mercado, según los lectores del diario. Las tetas eran mejores. De manera inconsciente –de otra forma imposible- buscabas la estampita de Escribá de Balaguer. Tu jefe mantenía al papillo a un costado de su escritorio. Era su manera de señalar su idiosincrasia, su piel.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Anna

Anna dijo

¿Has entrado ya en el foro de La Coctelera? Por si tu respuesta es no, esto es una invitación. Si ya has entrado, es hora de que nos hagas otra visita.
¡Un saludo y hasta pronto!

7 Abril 2007 | 08:36 PM

Basilio Pozo Durán

Basilio Pozo Durán dijo

la cultura siempre la programan en día laboral y de madrugada para que quien quiera pensar no duerma y entonces parezca que está enfermo... aunque Escrivá de Balaguer es una enfermedad (OpusDei) que sigue contagiando y mucho

11 Abril 2007 | 06:35 PM

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El Descuartizado (fragmentos)

antofagasta, Chile
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Soy habitante del desierto de Atacama. Salí pocas veces de aquí. Mi ciudad está arrinconada entre los cerros y el mar. Tras 33 años puedo decir que es un buen lugar. Me llamo Rodrigo y busco experimentar el efecto que tendrá este escrito en los lectores.

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